En Yavi Chico (Jujuy) la escuela de frontera Rosario Wayar materializa la apertura a la utilización integral del más longevo de los cultivos, el maíz, y sueña con la recuperación de una de las voces más antiguas, el quechua. Historia en un pequeño ojo verde y fértil que florece en los confines de la puna: tierra-no-campo que da vida a múltiples maíces milenarios que no necesitan cotizar en el mercado de Chicago para dar de comer a los hombres.
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jueves, 7 de octubre de 2010
Maíces, manos y escuela
Por Emiliano Bertoglio (COPENOA)*
En Yavi Chico (Jujuy) la escuela de frontera Rosario Wayar materializa la apertura a la utilización integral del más longevo de los cultivos, el maíz, y sueña con la recuperación de una de las voces más antiguas, el quechua. Historia en un pequeño ojo verde y fértil que florece en los confines de la puna: tierra-no-campo que da vida a múltiples maíces milenarios que no necesitan cotizar en el mercado de Chicago para dar de comer a los hombres.
En Yavi Chico (Jujuy) la escuela de frontera Rosario Wayar materializa la apertura a la utilización integral del más longevo de los cultivos, el maíz, y sueña con la recuperación de una de las voces más antiguas, el quechua. Historia en un pequeño ojo verde y fértil que florece en los confines de la puna: tierra-no-campo que da vida a múltiples maíces milenarios que no necesitan cotizar en el mercado de Chicago para dar de comer a los hombres.
lunes, 13 de septiembre de 2010
La quinua es el nuevo "grano de oro"
Fortunato Esquivel*
Una leyenda del Kollasuyo, cuenta que el zorro volvía del cielo con tremenda barriga llena. En eso, los loros le rompieron a picotazos la cuerda por la que se descolgaba provocando se reventara contra los altos picos de la cordillera de los Andes. Del estallido se desparramó la quinua que había robado a los habitantes celestiales.
Una leyenda del Kollasuyo, cuenta que el zorro volvía del cielo con tremenda barriga llena. En eso, los loros le rompieron a picotazos la cuerda por la que se descolgaba provocando se reventara contra los altos picos de la cordillera de los Andes. Del estallido se desparramó la quinua que había robado a los habitantes celestiales.
Así, la comida de los dioses fue sembrada en el mundo. Desde entonces la quinua vive en las tierras altas del altiplano, donde aguanta la falta de agua y las bajas temperaturas. Los dioses permitieron que de esa manera sus hijos disfrutaran de lo que ahora se llama el “trigo de los Incas”.
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